Cada día que pasa se hace más difícil pensarlo...pero tengo que hacerlo, la vida sigue según dicen pero ya nada es igual, se me para la mente en esas sonrisas que me dedicabas cuando aún sin vista me tocabas, el sentimiento de no verme ya la cara, y el dolor de tu corazón por los estragos de la edad.
Esas últimas frases, gestos, manías, todas ellas se quedaran conmigo evitando tu marcha, en mi corazón no habrá día que no estés viva, no habrá lugar que no visites conmigo porque se hace tan raro imaginar que ya no estás... se hace tan raro recordar esos duros días, que hay momentos en los que mi corazón los ve simple imaginación, sin embargo es la razón la que marca la verdad, esa dura realidad que este 5 de enero marcó la diferencia de todos estos años, aún nos recuerdo en el pueblo sentadas en lo que yo llamaba "coche" yo llorando, como no podía ser distinto, por haber pisado una hormiga y junto a mi estabas tu sonriendo, consolándome y haciéndome esa pregunta: " Chiquilla, si estas así por una hormiga, ¿Qué va ha pasar cuando yo no esté?". Años más tarde, meses antes de morir, parecías prepararme para lo que iba a ocurrir diciéndome entre lágrimas: " yo se que me tengo que ir, algún día y no tardaré mucho" recuerdo que no pude resistir derramar lágrimas por oírte decirlo y tu, ya sin vista, te diste cuenta que lloraba a pesar de todos mis esfuerzos por esconderlo, porque tu amor era tan fuerte que no podías sentir a tu gente sufrir.
Mujer de carácter dónde las haya, con mucho genio, cabezota y testaruda, pero la más bella dulzura cuando de su casa hablaba, se le llenaba la boca hablando de sus hijos, de sus nietos, de toda su familia en general, nunca se olvidó de nadie llegando a ser buena de más, a pesar de no ser tratada como ella se lo merecía, porque solo ella era capaz de luchar y pelear por su gente como ninguna otra y dar amor...regalarlo sin razón, pero era su corazón el que hablaba y sus ojos la delataban.
Esa mirada dulce cuando me miraba tanto antes como después de su ceguera no las podré olvidar nunca, ni aunque quisiera, esa sensación de amor es imposible dejarla atrás.
Tantos son los recuerdos que necesitaría otros 19 años para poder numerar todos y cada uno de los momento especiales vividos, aquellas tardes en las que les preparaba mis comidas de barro y matojos, o aquellas partidas con el abuelo en mitad del campo subidos a una piedra gigante, si no todas aquellas noche en las que no podíamos dormir ninguna de las dos y se las pasaba hablando conmigo en el sofá hasta conseguir dormirme en su regazo, también están esas tardes lluviosas en la tienda de campaña que con el sonido de la lluvia me acariciabas y acababas durmiéndome, sin hablar de lo que nos hemos caracterizado siempre y algo que nos unió...las cartas, recuerdo todas las partidas y como en julio me regalaste todas tus cartas, esas a las que ya no podías jugar...
Como te añoro abuela... Ana, mi Ana Ponce, orgullo de llevar tu nombre es lo que siento, feliz de esa gran herencia que me dejaste, tu amor y tus ratos, no espero que vuelvas, ya no, porque sé que no lo harás, por mucho que me duela, esa es la única verdad, por mucho que me extrañe hay cosas en la vida que no se pueden borrar pero me enorgullece de corazón saber que has sido feliz al menos esos ratitos que yo pasé contigo que recibiste de mi todo el amor que pude aunque siempre podía haber sido más y hasta el último día me preocupe de ti, hasta en el momento de recibir lo que ya esperaba, quería que estuvieses guapa...porque te conozco abuela y recuerdo tus palabras, como tu me decías una señorita siempre tiene que estar guapa y andar recta.
Y me despedí de ti, desde casa te pedía que aguantases porque quería verte, quería tocarte, sentirte viva por última vez junto a mi, y te noté...note tus pequeños achuchones, cuando estaba junto a ti, los notaba en mi mano porque no podía dejarte sola, tu nunca lo hiciste y yo no podía hacerlo ahora.
Antes de entrar en esa sala pensaba darte fuerzas para luchar pero más tarde me di cuenta de que no saldría bien, cuando entré, me di cuenta que ya todo estaba acabando y pedirte más sufrimiento no valía la pena, solo tenías que irte tranquila, feliz y en paz... en mi bolsillo llevaba una baraja de cartas tuya con la que jugábamos para que no te olvidaras de mi y colgado de mi cuello un rosario que me regalaste en un cumpleaños cuando tu pérdida de vista empezó a aumentar...ahí estaba yo, junto a mi familia, junto a nuestros recuerdos y deseándote lo mejor para tu partida. No hablé, ya todo estaba dicho, nuestra despedida tuvo lugar 4 días antes, al principio no le daba sentido a tu forma de despedirte porque además tú estabas bien, pero todo cobró su sentido, ese abrazo fuerte, ese "ni te imaginas cuanto te quiero yo" con tanto sentimiento...empezó a cobrar sentido.
Hoy me alegro de todas esas veces que del corazón me salieron tantos "abuela te quiero muchísimo" porque hoy puedo decir, que si te dije todo lo que un nieto debe decirle a su abuelo, hoy sé que te fuiste sabiendo lo que te quería y yo sabiendo cuanto me querías tu a mi.
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