7.14.2017

Ese último suspiro

Que bonito pensar lo maravillosa que fue tu vida, junto a una mujer fuerte y de carácter que jamás olvidarás y a la que en poco tiempo volverás a ver para pasar el resto de la eternidad a su lado.
Sobran las palabras para describir cuan bonita la naturaleza de tus risas, de tus caras y de tus pamplinas, tus historias de antaño que más de un libro merecían, tus canciones, tus bailes... vamos a echar tanto de menos de ti que no queremos despedirnos, no queremos que te vayas. Cada vez está más cerca el momento, cada vez más eres consciente de cómo se te escapa la vida de entre tus dedos y no podemos hacer nada. Con lo que has sido y has vivido, con lo que has luchado y has alegrado la vida de quienes te rodearon, ya sea en el trabajo, en tu casa o en tus bares. 

Porque no había manera de ganarte al dominó, porque me encantaba besarte cada mañana cada vez que marchabas caminando y sabía que a las 12:30 volverías a comer a casa para tenerte a cada ratito que quisiera en la habitación de al lado. Porque te queremos y te quiero tanto que jamás podré despedirme de ti y quedarme tranquila. 


Me refugio en que no sufras, y en que pase lo que pase siempre estarás a mi lado, que me se tus refranes y jamás podría olvidarlos, que recuerdo nuestras partidas de cartas con la abuela en el pueblo, que te recuerdo pegado a tu medicina, que siempre llevabas pegada a tu corazón, el tabaco. Recuerdo cómo por miedo lo dejaste pero ya fue demasiado tarde.

Que triste es ver cómo las personas que más quieres van desapareciendo y que no estarán en los momentos más maravillosos de tu vida. Me encantaría seguir compartiendo con vosotros mis alegrías, mis penas y seguir escuchando día a día vuestros sabios consejos. Pero abuelo, no sufras, no quiero que sufras, no te agarres a una vida que te come y no te deja respirar. Si te tienes que marchar, descansa tranquilo y en paz. Eres y siempre serás de las mejores personas que pudo traer este mundo y que pude conocer. Espero coincidir contigo de nuevo en la próxima vida porque te elegiría una y mil veces.

Te amo

12.09.2016

Madrugadas eternas

Después de tanto tiempo me resulta imposible borrarte de mi cabeza, en días como hoy en los que nos haciamos compañía.
De ti heredé el insomnio y el mal genio, y por ello me acompañaste en muchas de tus noches a dormir, a hablar hasta el amanecer y a jugar contigo a las cartas. Para esos momentos en los que tu no estabas me enseñaste a pasar el tiempo, pero no había mejor consuelo que tenerte conmigo... Y ahora qué.

Sobran los te echo de menos.

Un día como hoy, en el pueblo, no había rincón más agraciado que en tus brazos ni conversación más cariñosa que en ese salón.
Hoy aprendí que por mucho tiempo que pase hay heridas que no se curan y huecos que jamás serán cubiertos, pero cada vez que juego con tus cartas, cada vez que miro una baraja... te veo, te miro, te siento.

Te recuerdo sin falta cada uno de los días de mi vida, te siento en la mesa, te pienso mientras estudio e imagino cuan orgullosa estarías de mi.

No espero que nadie lo lea, no espero que tu lo leas pero no encuentro mejor manera de sentirme satisfecha por decirte que no me olvido, que sigo esperando verte, que sigo queriendo tus besos y que necesito de nuestras charlas, juegos y enfados.

Quiero pensar que lo hice todo, quiero pensar que no me faltó nada, pero siempre podía haber hecho más. Quiero pensar que siempre te hice feliz y que te dije todo lo que debía decirte, sabes que todas y cada una de las palabras salieron del corazón.

Permanecerás siempre viva en mi recuerdo, y te prometo que jamás, jamás te fallaré, siempre seré la nieta que viste que era.

Te quiero tanto que...

Estarás conmigo sin estar, formarás parte de mi vida aunque no lo sepas porque...

te sentí, te siento y te sentiré todos y cada uno de los días de mi vida.

9.19.2016

Vuelve...

Si, es así, como una plancha encima del pecho que ahoga, aprieta, y perdura. No quiere decir que lo dejes sino que no se va. Lo peor es la ignorancia de cuan hondo calaron esos días y forjaron tu persona, esa personita pequeñita, chiquitita... ese insignificante gusano repudiado, aquel bicho infectado del que rehuían hasta las ratas constantemente.

A sabiendas de esa teoría igualitaria siempre aterriza en ti una odisea de mares desconcertantes en los que bunques fuertes pueden cruzarlo pero este, tu pequeño velero será arrastrado por la marea. ¡Quien fuera bunque!

Y lo sabes, no lo eres, pero persistes y a contracorriente navegas pero ¿podrá algún día tu guía navegar por esas mareas sin encallarse nuevamente en la orilla y descubriendo como  vuelves a ser ese menos de tu propio inventario?

El enemigo te forja y condiciona, pero un buen enemigo y el mejor sabe cómo quedarse contigo y ser tu timón, para que cuando creas ser bunque te recuerde que tú solo serás velero, hasta que lo hagas desaparecer... pero...

Cómo y cuándo....