Llega un momento en la vida que no van las cosas bien y decides cortar con lo que duele o con lo que crees que no duele, no te hace falta...andas decididamente hacia su fin, esperándolo.
Pero llega un momento en el que te sientas y miras a tu alrededor...en ese momento te das cuenta que no es tan fácil como creías, que sí dolía aunque ya las cosas no eran como antes, y te invade la esperanza del quizás, del ojalá, aunque sabes que no es esta la primera vez y probablemente tampoco la última... O sí.
Intentas pensar con la mente fría y recuerdas el punto en el cual lo que te sentía viva, lo que te mantenía junto a la ilusión desapareció, siempre llegas a ese punto y a los mismos motivos por lo que te decides a dejar pasar lo que te ata ahora otra vez, pero esta vez quieres hacerlo decididamente... Sin mirar atrás.
Estas decidida y cansada, sin entender porqué se tiene que dar lugar a esto y piensas en tu vida, en cómo ha pasado el tiempo y como todo se ha acumulado, los años se amontonan, los llantos, el sufrimiento...el dolor que un día desapareció por cerrar cuerpo y alma pero que todos sabemos que reabrirá heridas ignoradas.
Pero luego lees, y recuerdas los momentos en los que lo que ahora lees reflejaban lo que sentías. Y miras de que o quién viene, cayendo de nuevo en el pozo de la indecisión, porque tu corazón no quiere sufrir quiere luchar ciegamente por lo que pasó por él, sin embargo tu razón sabe que nada volverá a ser como era antes.
¿cuándo volverá ese tiempo en el que la ilusión y las ganas llenaban mis días, cuando después de tantos llantos todo se marchitó? Quizás no vuelva hasta que no cerremos este capítulo y comencemos de nuevo a escribir que es lo más probable y la única solución que mis ojos y mi corazón pueden ver, o quizás podamos arreglar estas hojas llenas de tachones, lágrimas y roturas, volviendo a enamorar a ese corazón marchito por el sufrimiento y la soledad.
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